Muchas personas no saben si la tristeza que están sintiendo se puede considerar dentro de “lo normal” o, por lo contrario, necesita de una atención más profesional o incluso de medicación. Esta situación es lo que me lleva a hablar entre la tristeza “común” y la depresión.

La tristeza en una emoción universal que experimentamos todos los seres humanos en mayor o mayor medida según las circunstancias de cada uno a lo largo de nuestra vida.

Se manifiesta en todas las etapas de nuestra existencia con distinta presencia e intensidad en función de la causa que la genere, de lo que suponga para nosotros y de la capacidad que tengamos para afrontar dicha circunstancia:

LA TRISTEZA COMO PATOLOGÍA

La tristeza se vuelve patológica cuando es incapacitante, es decir, cuando nos impide realizar actividades necesarias en nuestro día a día por un periodo de tiempo superior al esperable. A partir de esta última afirmación, surgen varias preguntas:

Debido a la subjetividad que rodea a la tristeza, el DSM (guía ampliamente utilizada en todo el mundo para el diagnóstico de los trastornos de salud mental) decidió acotar con criterios muy específicos cuándo se debe considerar la tristeza como depresión.

Estos criterios se basan en factores como la durabilidad de la tristeza, la prevalencia a lo largo del día, la presencia o no de sintomatología comórbida como el insomnio, la pérdida de peso, etc. Básicamente, lo que buscaba el DSM era objetivar y poner fronteras a la enfermedad de la depresión.

¿Estoy triste o tengo depresión?
Foto de Sofia Alejandra: https://www.pexels.com/es-es/foto/foto-de-mujer-sentada-en-el-suelo-3007355/

VALE, ENTONCES, ¿ESTOY TRISTE O TENGO DEPRESIÓN?

Varios problemas han surgido a partir de tener la enfermedad de la depresión tan categorizada: si para que lo que me ocurre se considere depresión tiene que durar dos semanas de manera continuada y yo tuve una semana mala, dos días buenos y otra semana mala, cumpliendo el resto de síntomas: ¿tengo o no tengo depresión?.

Pues bien, bajo la mirada rígida del DSM, no habría depresión puesto que uno de los criterios inamovibles como son la presencia de la tristeza no se ha cumplido.

¿Pero entonces tengo sólo tristeza? Pues puede que tampoco, porque, aunque tus síntomas no cumplan con lo que dice el DSM, no podemos olvidarnos de que son criterios muy rígidos concretados por un grupo de personas que decidieron lo que iba a ser la depresión bajo su visión y percepción del trastorno, como se podía haber decidido de otra manera si en vez de esas personas, hubieran estado otras.

CONCLUSIONES SOBRE LA TRISTEZA Y LA DEPRESIÓN

Lo que quiero hacer ver con estos ejemplos es la importancia de la subjetividad en las dolencias mentales humanas y la necesidad de relativizar en torno a etiquetas y diagnósticos que a veces sólo sirven para estresarnos sobre si tenemos enfermedades o dejamos de tener.

La depresión es, pues, un grado alto de tristeza que hace sufrir a la persona y que se debe de tratar con el mismo respeto que la tristeza acusada por otra persona con menor intensidad, duración o frecuencia.


Si todavía te preguntas ¿estoy triste o tengo depresión?. Si crees que tu tristeza te incapacita para ser feliz o para avanzar en un terreno fundamental para ti como el laboral o el sentimental, no dudes en ponerte en contacto conmigo, y juntos valoraremos si realmente necesitas o no mi ayuda.

Recuerda que la primera sesión es gratuita y sirve para esto mismo: una valoración de tu caso (y tu subjetividad) y la aclaración de cualquier duda que tengas acerca de la terapia.